El auge de lo digital y el desarrollo de técnicas como el papel electrónico han acercado la lectura instantánea al mundo, de forma que hoy podemos adquirir casi cualquier libro con un par de clics y disfrutarlo en cualquier lado. Esto, positivo culturalmente, ha provocado sin embargo un descenso de la venta tradicional y en el pequeño comercio. Por eso es el momento perfecto para hablar de librerías bonitas, una forma de experimentar la lectura que ni el ebook más sofisticado podrá conseguir.
En muchas historias, sobre todo en novelas infantiles en las que se busca despertar las ganas de leer de los niños, se describen las bibliotecas como templos del saber. Lugares maravillosos que encierran infinidad de historias y aventuras, y en las que las paredes son casi muros infinitos de libros entre los que merece la pena perderse. Es precisamente esto sobre lo que debemos capitalizar para devolverle a los comercios de libros de toda la vida la buena salud que tradicionalmente habían tenido.
Como decíamos al comienzo y según datos ofrecidos por el Observatorio de las Librerías, a pesar de que las grandes librerías cada vez venden más, lo cierto es que las ventas de la tienda de libros tradicional y de barrio, han caído en 2017 un 15% respecto al año anterior. Una de las razones es que la gran mayoría de autores elige grandes superficies para presentar sus últimos trabajos o realizar una charla o coloquio, y son en estos momentos cuando más unidades se venden.
Hoy te traemos estos ejemplos de librerías bonitas que apuestan por el comercio tradicional, lugares espectaculares, por su construcción, ubicación o diseño que convierten la experiencia de lectura en algo maravilloso.
En París, el distrito número 6, Saint-Germain-des-Prés, fue en su momento el foco creativo de la ciudad, un hervidero de cultura poblado por escritores, artistas y filósofos. Hoy, sin embargo, esta zona también ha sucumbido a la llamada digital y muchas pequeñas librerías se han visto obligadas a cerrar. Para recuperar el encanto de esta zona y su importancia, la diseñadora Sonia Rykiel aprovechó el rediseño de su tienda para convertirla en una gran biblioteca con estanterías del suelo al techo que albergan más de cincuenta mil ejemplares y conviven con sus colecciones de moda.
Otra librería especial que sin duda merece la pena visitar es la localizada en el Ateneo Gran Splendid, en Buenos Aires. Se trata de un teatro magnífico, epicentro de la cultura hispana en su momento por el que desfilaron figuras como Carlos Gardel, y que ha sido reconvertido en tienda de libros. Conserva toda la estructura y decoración original, y su gran tamaño permite una gran variedad de zonas, desde palcos de lectura a una zona audiovisual.
Aunque si lo que buscamos es, además de una librería de diseño, un lugar en el que descansar tranquilamente sin miedo a quedarnos dormidos, entonces tendremos que desplazarnos a Tokyo. Allí se encuentra Book and Bed Tokyo, un curioso lugar que no es ni un hotel ni una tienda de libros, sino todo a la vez. Está equipado con camas de diferentes tamaños, estanterías y otras comodidades, y lo que ofrece es un lugar de descanso, quizá para pasar una noche o dos. Su filosofía es que no hay mejor momento que el que sucede cuando, mientras leemos, nos vamos quedando dormidos. Por eso ellos lo han acondicionado para poder hacerlo sin problema.
Un clásico, relativamente reciente, y que nos vemos obligados a incluir en este post es la Librería Lello, en Oporto, que ha visto duplicados sus visitantes desde que apareciese en las películas de Harry Potter. Su edad centenaria y arquitectura, mezcla de gótica, art decó y art nouveau, la convierten en un lugar especial y un paraíso para los ratones de biblioteca. ¿Lo único malo? Que precisamente a raíz de su fama ahora se ha convertido en la Venecia de Oporto, hasta el punto de que han comenzado a cobrar 3€ por entrar. Algo lógico, ya que sus dueños vieron cómo la llegada masiva de turistas llenaba sus pasillos pero apenas no se notaba en las ventas. Ese importe, eso sí, se descontaba automáticamente en caso de llevarse algún ejemplar de recuerdo.
Aunque si tenemos que destacar un retailer que sabe cómo llamar la atención y atraer al cliente es el chino Zhongshuge, que apuesta fuertemente por el diseño de cada una de sus librerías. En la que está situada en Yangzhou, las estanterías tocan el techo abovedado y en espejo, consiguiendo un efecto de túnel literario impresionante. La de Chengdu parece sacada de las páginas de Alicia en el país de las maravillas, directamente. Y entrar en su espacio de Suzhou es como bucear en aguas multicolores, siempre acompañados de buena lectura.
Y de la sofisticación y el diseño a lo tradicional. Se trata de una librería de toda la vida, pero con el encanto añadido de estar ubicada en un lugar que podríamos considerar… de riesgo. Como su propio nombre indica, de hecho. Hablamos de la librería Acqua Alta, en Venecia. Podemos afirmar que los efectos del calentamiento global, y la meteorología, se sienten profundamente en este comercio, que con cada crecida de las aguas en las que se encuentra la ciudad ve cómo se inunda casi hasta la mitad. Su dueño se ve obligado entonces a salvar todos sus ejemplares sobre bañeras, pero ni siquiera así cierra su negocio. Esto sí que es un retailer comprometido con la causa.
Lo cierto es que tampoco se necesita contar con la ayuda de un estudio de diseño, instalarse en el teatro municipal o inundar el local para atraer la atención de los clientes. Lo que todas estas librerías bonitas tienen en común es el amor por la literatura, un buen catálogo de ejemplares y ofrecer a sus visitantes una experiencia de cliente única. No se trata de combatir contra lo digital, una batalla perdida, sino de destacar aquello que hace a las tiendas de libros de barrio, las de siempre, un lugar especial en el que dejar volar la imaginación y vivir la vida de sus personajes protagonistas a través de nuestros ojos.